En primer lugar, cuéntame dónde
naciste. Si no naciste en España, dime a qué
edad viniste.
Muy buenas, soy Ronny y nací hace
26 años (26/01/1990) en la capital de Ecuador
(Quito), aunque llevo viviendo en España desde
que tenía 13 años, prácticamente la mitad de mi
vida.
Cuéntame cuándo empezaste a jugar
a fútbol y tu trayectoria como jugador.
Juego al fútbol desde que tenía
uso de razón, y la verdad es que guardo muy
buenos recuerdos de este deporte, destacar
alguno en especial es difícil, aunque recuerdo
con mucha alegría mi primera medalla de campeón
intercolegial a los 6 años al marcar el gol que
le dio la victoria a mi colegio en una final.
Desde siempre he procurado jugar,
ya sea en alguna olvidada calle sin asfaltar de
mi país hasta en recintos organizadores de
pequeños eventos futbolísticos.
Cuando llegué a España en 2003,
como cualquier niño, estaba ansioso por jugar y
conocer el estilo de juego que llevan aquí. Es
muy bueno, no lo voy a negar. Un par de meses
después de llegar, tuve la oportunidad de formar
parte del equipo alevín Atlético Delicias, donde
jugué poco más de una temporada.
Al cumplir 16 tuve la oportunidad
de formar parte, junto a mis primos, de un
equipo de fútbol sala, al que llamamos
Estudiantes, mismo nombre del primer equipo que
formamos cuando éramos tan solo unos niños en
Ecuador. Nuestra primera temporada nos costó un
poco, pero en la segunda y tercera temporada
alcanzamos un buen nivel llegando a primera
división, después de haber quedado subcampeones
en segunda.
¿Qué pasó el 15 de octubre de
2010?
Una fecha que nunca olvidare, y
que a la vez me es imposible recordar.
Mi familia me describe aquel día
como un día de fiesta, en el que mis primos y yo
decidimos pasar un rato agradable corriendo
delante de las vaquillas en la plaza de toros de
La Misericordia de Zaragoza. Pero nadie imaginó
que una cogida iba a resultar tan grave.
Era la primera vez que iba, no
había bebido, tal vez me sentía seguro sobre la
tarima de la plaza, pero el astado subió a ella
y me alcanzó, me levantó un par de metros en el
aire y caí inconsciente con tan mala suerte que
volvió a embestirme hasta en dos ocasiones más,
lo grave fue que me pisó la cabeza y el hombro,
me provoco un traumatismo craneoencefálico
severo, me rompió la clavícula derecha. La
rápida actuación de mis primos, el resto de los
corredores y los sanitarios fueron vitales. En
poco más de una hora ya estaba en el Hospital
Miguel Servet, y mi madre estaba firmando la
autorización a los médicos para poder operarme e
intentar salvar mi vida. Cada segundo contaba ya
que la hemorragia y la inflamación cerebral eran
graves. Durante la operación tuvieron que
reanimarme, ya que mi corazón se paró, después de
varias horas y de haberme extraído una parte del
cráneo me estabilizaron sin ninguna esperanza,
había quedado en coma. Aquella noche dejaron
pasar a mi familia a la UCI para despedirse ya
que era muy probable que muriera de un infarto a
causa del dolor.
Lo que empezó como un día de
fiesta y diversión termino convirtiéndose en uno
de los peores días que haya vivido mi familia.
¿Cuánto tiempo estuviste en coma?
Los médicos recomendaban
paciencia a mis padres, diciéndoles que tardaría
por lo menos un año en salir del coma. Eso si
llegaba a salir claro, pero nuestra fe en Dios
se hizo patente.
Cuando la ciencia y la medicina
hicieron todo lo que estaba en sus manos, el
amor de Dios se derramó en mi vida, trayéndome
de vuelta tan solo tres semanas después, fue
increíble ver la cara de sorpresa de todos los
que me rodeaban. Los médicos no salían de su
asombro, pero solo podía moverme de cuello para
arriba. Tampoco podía hablar y no recordaba a
nadie, más que a mi familia.
¿Cuánto tiempo, tras salir del
coma, estuviste ingresado?
Mi recuperación fue
extraordinaria, casi una semana después de
despertar empecé a hablar, y dos semanas más
tarde mis brazos y mis piernas empezaban a
moverse, y empezó mi rehabilitación. Tuve que
aprender a caminar, a mover los dedos de las
manos. Y, tan solo siete semanas después
de entrar en aquel hospital en pésimas
condiciones, salía por mi propio pie sostenido
por los brazos de mis padres tras solicitar un
alta voluntaria.
¿Qué le dijeron a tu familia
mientras estabas en coma?
Fue un momento muy difícil pero
Dios puso la suficiente fortaleza en ellos,
cuando les propusieron desconectarme y donar mis
órganos, pues las posibilidades de recuperación
eran mínimas. Afortunadamente para mí, mi
familia no perdió la fe, aunque el panorama era
desolador.
¿Qué le dijeron a tu familia
cuando despertaste?
Las palabras de los médicos a mi
familia literalmente fueron: "no entendemos cómo
ni por qué ha despertado tan pronto". En un
primer momento los médicos no sabían cómo llamar
a esa recuperación y evitaban la palabra
milagro. Finalmente cuando hablaron conmigo
reconocieron como, definitivamente, la fe me
impulsó a salir adelante. Ojalá tuviese la
oportunidad de hacer saber que aún hay esperanza
a aquellas personas que atraviesan situaciones
difíciles dentro de un hospital.
¿Cuántas operaciones te han hecho
y en qué zonas de tu cuerpo?
En la primera operación de aquel
día me quitaron una parte del cráneo de la zona
derecha, un mes más tarde me pusieron una placa
en la clavícula rota derecha, siete meses
después me reconstruyeron el cráneo con varias
placas de titanio, dos años más tarde me
quitaron la placa de la clavícula, y la quinta y
última operación fue hace poco más de un año
para extraerme un pequeño bulto en la ingle que
se había formado por el golpe.
¿Tienes revisiones periódicas?
Durante los tres años posteriores
tuve revisiones periódicas ya que la cicatriz
del cerebro me provocaba ataques epilépticos y,
tenía que seguir un tratamiento, que finalmente
sanó esa cicatriz poniendo punto final a esos
ataques en 2014.
¿Cuándo regresaste a los terrenos
de juego?
Casi dos años después de aquella
fecha, los médicos me dijeron que podía volver a
jugar fútbol, aunque con precaución, y durante
el primer partido me desplomé a consecuencia de
un ataque epiléptico. Desperté en el hospital
como en otras ocasiones. Debía de tener
paciencia, mi cerebro aún seguía cicatrizando.
¿Qué sentiste al volver a tocar
un balón de nuevo?
La verdad, es muy difícil
describir ese momento. Es increíble estar de pie
con un balón delante, a punto de echar a correr,
sabiendo que hace tiempo atrás no podía caminar.
Son esos momentos que no tienen precio y que
muchas veces pasamos por desapercibido. Para mí
un simple paso es una victoria y un gol es la
gloria. Para ser sincero, sentí como un
par de lágrimas quisieron brotar de la
felicidad.
¿Cómo afectó a tu grupo de
amigos, que forman el Estudiantes, la trágica
cogida que sufriste?
Mi equipo, mi familia, la noticia
los destrozó como a cualquiera y las
expectativas acerca de mi recuperación no
alentaban, pero supieron reaccionar y levantar
oraciones. La fe se contagió del uno a otro y
decidieron confiar en un milagro, y no se
equivocaron.
La verdad es que nos unió más
aún, y ahora nuestro equipo tiene un valor más
grande, porque apreciamos verdaderamente nuestra
salud y lo afortunados que somos al estar de
pie.
¿Quieres agradecer a algún
médico u hospital cómo te trataron y tu
recuperación milagrosa?
Mis agradecimientos son infinitos
con cada uno de los profesionales que forman
parte del hospital Universitario Miguel Servet,
su buen hacer y el buen trato a cada instante
condujeron mi recuperación a buen puerto. Con
cada operación, con cada revisión, con cada
tratamiento, con cada palabra, mi corazón nunca,
nunca los olvidara, en especial al doctor David
Fustero, quien llevó mi caso de principio a fin.
¿Llevas una vida completamente
normal? Si es así, ¿desde hace cuánto?
Sí, mi vida es completamente
normal desde septiembre de 2014. Al recibir el
alta total, ya puedo conducir, trabajo, estudio
en la Universidad, juego al fútbol (pero
prefiero no cabecear), y vivo normalmente. Aunque
me quedó un leve pitido en el oído derecho, que
seguramente sea de por vida. Ya no molesta, lo
llevo bien.
¿Cambia mucho tu forma de ver
la vida antes y después de un accidente de este
tipo?
Definitivamente, ahora pienso las
cosas dos veces antes de hacerlas. Ahora se que
lo más valioso que tenemos es la salud y, hoy en
día, predico en una pequeña congregación sobre lo
que Dios puede hacer en nuestras vidas. Procuro
vivir cada día y hacer conocer a la gente que
siempre hay esperanza.
¿Echabas de menos jugar a
fútbol sala? ¿El deporte es algo que os une, más
si cabe, a vuestro grupo de amigos?
Claro que sí. Desde la ventana
del hospital podía ver un patio de instituto,
donde los chavales no paraban de jugar fútbol. Yo deseaba estar entre ellos, y ahora es una
realidad, ya puedo correr y marcar goles como
ellos. Soy muy feliz jugando.
El practicar un deporte no
solamente es sano sino que te aparta de vicios
que no hacen otra cosa que dañarte en varios
aspectos de tu vida. Además practicando este
tipo de deporte, siempre refuerzas más ese lazo
de unidad con quien lo practicas. El fútbol nos
une.
¿Tienes recortes de prensa del
día siguiente a la cogida?
Si, algunos conocidos guardaron
periódicos, grabaron la noticia al aparecer en
varios canales de televisión. Es bastante
impresionante.
¿Has vuelto a ver la cogida?
Si, personalmente un escalofrió
recorre mi cuerpo al visualizar ese instante.
¿Crees que hubo algún medio que debía
haber tenido más tacto con lo que te sucedió?
Bueno, pienso que sí. Aunque
entiendo que se limitaban a contar la realidad
de la situación, podían haber tenido más tacto y
dedicar alguna línea para alentar a mi familia.
¿Hay algún medio de comunicación que tratase
la noticia con más respeto?
Hace un par de semanas tuve la
oportunidad de ver una página web, donde alguien
escribió sobre mi cogida, y más allá de hablar
sobre mi estado, animaba a mi familia. Y lo que
más me impactó fue que no usaron una fotografía
de la embestida o de cuando estaba inconsciente,
sino que en la fotografía que publicaron se me
ve disfrutar de aquel día poco antes de lo
sucedido. Me alegra saber que hay medios que
trataron esto con suma delicadeza
Cualquier cosa que quieras
añadir...
Sí, me gustaría destacar el
coraje de Marcelo y Jannet, mis padres, quienes
me alentaron día a día. Les agradezco por tanto
amor, y agradezco a Dios por mi familia, amigos
y todas aquellas personas extraordinarias que
han estado a mi lado de principio a fin.
Y espero también, que cualquier
persona jamás se dé por vencida por muy malo que
sea su diagnóstico. He podido conocer de primera
mano el poder de la fe en Dios. Espero que mi
testimonio sirva de ejemplo para otros, aún
podemos marcar más goles a la vida.
Muy agradecido a este medio por
darme la oportunidad. ¡Muchas gracias!

Ronny, el segundo por la izquierda, con su
equipo de fútbol sala "Club Estudiantes"